jueves, 19 de julio de 2012

Capítulo 4 (Parte I)


-No sé si entendéis la gravedad del asunto-termina Haymitch después de una hora explicándonos la situación.
Parece que no es complicado. La elecciones se han retrasado, Panem no tiene un gobernador fijo y puede haber problemas. Bueno, ya los hay. Se está hablando de que en algunos distritos quieren formar un nuevo levantamiento contra la situación, quieren que un presidente sea elegido inmediatamente. Pero el problema es el siguiente: no se han celebrado esas asambleas secretas para elegir de antemano los presidentes que llevarían acabo las Normas de la Paz. Todos los presidentes las han respetado, y aquel candidato que pareciera que no las iban a cumplir, simplemente se descartaba. Ya lo ha dicho Haymitch, si se presentan 20, al final solo saldrían los 4 o 5 que seguro, seguro van a ser los mejores, sea cual sea elegido después por la población. Pero ahora no ha podido celebrarse ninguna asamblea, no se ha podido descartar candidatos y cualquiera podría ser elegido. Desde el más tirano hasta la propia Paylor. Porque eso es lo que ahora se está intentando, que Paylor acepte volver a presentarse y desear que salga de nuevo. Sé que ella no quiere volver a la presidencia, pero lo hará por todos nosotros, para que nadie de los que estamos presentes en la habitación ahora resulte herido. Sin embargo, no puedo evitar quedarme bloqueada. Podría sucederle cualquier cosa a Paylor, podría no salir elegida. Y si no es así, si un opresor subiera al poder...Panem no puede volver a sumirse en el caos en el que ha estado 76 años, no pueden volver los Juegos. Aunque no tienen por qué volver. Al fin y al cabo, todo el mundo acabó quemado y nadie lo permitiría. ¿Verdad? Además, recuerdo que ya hubo unos últimos Juegos. Sí, los septuagésimo sextos. No los vi, no lo hice porque se hicieron justo después de que matara a Coin y yo estaba encerrada en una habitación mientras me consumía y pensaba que jamás saldría de aquella. Cuando volví a la realidad no me molesté en preguntarle a nadie nada. Simplemente me olvidé de todo lo que significaban los Juegos del Hambre y punto.
-Entonces, ¿que va a pasar?- pregunta Peeta.
-Una semana y media. Paylor se presentará, pero no promete nada. Me han dicho que va a haber demasiados candidatos, y que lo más seguro es que ella no salga. La gente puede prometer todo lo que quiera, ya se sabe.
-¿Una semana y media?- me levanto de la silla-. La boda- digo en un suspiro.
Effie viene a abrazarme y ahora todos se dan cuenta de lo mucho que me está afectando todo esto. No es sólo que la elecciones se retrasen y pueda salir cualquiera, es que justo será en mi boda, o cerca de ella. ¿Cómo voy a casarme con la preocupación que supone un gobierno tirano?
-Tranquila, todo saldrá bien-susurra Effie acariciándome el pelo.
-Esperemos-remata Haymitch.
Me doy cuenta de que Peeta se ha quedado callado, mirando la nada. Es como si estuviera reviviendo algún recuerdo pasado relacionado con todo esto. Puede que tema que me eche atrás con lo de la boda, que la adelante, que la retrase, o simplemente que la cancele. Pero no pienso hacerlo, quiero a Peeta y nada ni nadie podrá quitarme la ilusión y las ganas que tengo de casarme con él. Me llevo los dedos al anillo de compromiso y sé que me toca la parte de ser fuerte por todos. De no dejar que el miedo me invada o, al menos, no dejar que se me note.
-Peeta, ¿podemos hablar?
Mi futuro marido mira hacia mí, y sé por sus ojos empañados en lágrimas que está pensado que voy a cancelar la boda. Effie, Cinna y Haymitch nos dejan solos, no sin antes dirigirme una mirada suplicadora. Odio que todos piensen así de mí. Sé que sería lo más lógico, aplazar la boda hasta que esté segura de que nada puede pasar, pero no voy a hacerle daño de ese modo a Peeta.
-¿Te encuentras bien?-le pregunto mientras me acerco a él.
-Mira, Katniss, entiendo que no quieras casarte, ¿vale? Pero ahora necesito estar a solas.
Su voz tiembla y veo como dos perlas transparentes caen de sus ojos al tiempo que me aparta con suavidad a un lado. Aún no he dicho nada y ya le he herido. La verdad, no sé como me las apaño.
-Peeta...-intento decir pero se levanta y se va.
Sé que si ahora intento ir tras él a explicarle que para nada estoy pensado en dejarlo, no conseguiré mucho. Puede que incluso lo estropee. Así que dejo que se vaya y que esté a solas con sus pensamientos. Respiro hondo un par de veces. Necesito salir al bosque y pensar yo también con claridad. Salgo de la cocina y me encuentro con Jaden.
-¿Qué os pasa a todos?-pregunta.
-No te preocupes, no es nada-le miento.
-¿Es que he hecho algo malo?
Esto es lo que más me gusta de mi hijo. Su inocencia. Lo miro y todas las fuerzas que pensaba que había perdido a raíz de la conversación con Haymitch sobre las elecciones, vuelven. Pienso que llevarlo conmigo al bosque puede que sea lo mejor, quizá incluso llevar a Sarah sea una buena idea.
-Busca a tu hermana-me agacho hasta ponerme a su altura-.Hoy nos vamos los tres de caza.
-¿De verdad?-sus ojos se iluminan y me abraza.
Sale corriendo escaleras arriba gritando el nombre de Sarah. Effie sale del cuarto de baño y con una sonrisa delicada de acerca a mí. Supongo que ha visto a Peeta marcharse llorando y se espera alguna explicación por mi parte. Le devuelvo la sonrisa.
-Me llevo a los niños al bosque-le anuncio.
-Está bien, yo me quedaré por aquí con los demás. ¿Vas a casarte?
-El mismo día que dijimos Peeta y yo desde el principio, no pienso cancelarlo.
-¿En serio?
-Sé que todos pensáis lo contrario, pero no. Quiero a Peeta, tenemos una familia y han pasado muchos años. Creo que ya nada debe interrumpir lo que debería haber pasado hace tiempo.
-Pero lo he visto llorar, salir corriendo.
Me quedo callada durante segundos queriendo encontrar a Peeta antes de irme y explicarle la verdad, no aquello que todos han pensado. Me siento mal por él, porque piense que una elecciones pueden interponerse entre nosotros.
-No me ha dejado explicarle nada, si lo ves, ¿puede decirle que todo está bien y que estoy con los chicos?
-Sin problema- me abraza con fuerza-.Gracias, Katniss.
Le devuelvo el abrazo y me doy cuenta de lo necesitada que estoy de encontrar unos brazos donde apoyarme. Me acuerdo de que le debo un homenaje a Effie y decido que en cuanto vuelva a casa hablaré con los demás sobre eso.
-Mamá, ya estamos listos- dice Jaden bajando por las escaleras delante de Sarah.
Voy a coger el arco que está colgado en el salón. Es algo más pequeño que el que tengo en le bosque y si Jaden pudo manejar el mío, este no le resultará ningún problema. Se lo doy y cojo la chaqueta de cuero de mi padre. No sé que haré con Sarah. Tengo otro arco guardado en un tronco, pero puede que la idea no le haga mucha gracia.
Cuando atravesamos la alambrada ya me siento mucho mejor que antes. Siempre he pensado que vivir en el bosque podría ser increíble. Hacer una casa pequeña entre los árboles y levantarme cada mañana con el sonido de la naturaleza. Enseñar a mis hijos a nadar, porque no saben. Puede que ese sea el punto fuerte de Sarah.
-¿Qué os apetece hacer?
-Cazar con el arco- exclama Jaden.
-He visto el libro familiar de las plantas, quiero recolectar algunas- dice Sarah.
-Perfecto, y, ¿qué os parecería nadar?
-Sí-dicen los dos a la vez.
Caminamos hacia el lago. Jaden tiene el arco cargado con una flecha y no para de apuntar en todas las direcciones esperando el momento de soltar la cuerda. Se le ve un niño muy atento para la edad que tiene. Recuerdo que cuando mi padre me enseñó a cazar, tardé algo más que él en ir sorteando los obstáculos del camino sin bajar el arma un sólo momento. Sarah está entretenida cogiendo flores, bayas y plantas por todo el camino. Le he dejado la bolsa de caza para que meta allí todo lo que le interese. He pensado en darle algún cuchillo al llegar al lago ya que me ha dicho que el arco mejor no lo coge, no es que le gusten mucho las armas. Supongo que si hubiese Juegos ahora mismo y ella saliese elegida, no tendría muchas posibilidades. No sabe cazar y no tiene la intención de hacerlo nunca, sin embargo, podría ser de gran utilidad en una alianza al conocer qué plantas se pueden comer y cuáles no.
-No os mováis- susurro deteniendo mi cuerpo-. Allí- señalo con el extremo del arco un conejo en el suelo y asiento a la mirada atenta de Jaden.
Mi hijo tensa la cuerda un poco más, apunta con lo que parece ser mi misma precisión, y dispara. Es un tiro limpio, casi perfecto, parece que lleva años cazando de ese modo. La flecha se clava en el cuello de la presa y ésta cae muerta. Jaden corre hacia el cuerpo inerte del animal y le saca la flecha sin ningún tipo de repugnancia.
-Creo que ha salido a ti-dice Sarah al tiempo que pone una mueca de asco mientras ve a su hermano volver con el conejo.
-¿Dónde lo meto?-pregunta.
-Toma-le doy otra bolsa de caza que está casi nueva y le revuelvo el pelo-. ¿Has aprendido eso en un sólo día?
-Bueno, he venido un par de veces mientras estabas fuera.
Debería enfadarme porque seguro que Peeta no tiene conocimiento de que su hijo ha deambulado a sus anchas por el bosque, y eso implica que no tenía ninguna autorización. Sin embargo, le beso la mejilla y sacudo la cabeza con una sonrisa. No puedo regañarle por ser igual que su madre. Yo hacía lo mismo en su tiempo. De hecho, de no haber sido porque un día decidí entrar en el bosque, ninguno de los tres estaríamos aquí ahora.

Capítulo 4 (Parte II)


Por el camino, Sarah recoge más plantas silvestres así como raíces. Jaden ha cazado otro conejo y yo me he tomado la libertad de cazar un pavo silvestre despistado. Con lo que tenemos decido que es suficiente y de que es momento de llegar al lago, encender un fuego y asar nuestra comida.
Cuando me abro paso entre los últimos arbustos antes de ver el agua cristalina diviso una mata de pelo rubio cerca de la orilla. Sigo caminando con algo de sigilo y agazapada, ya que no sé quién puede venir aquí. Sin embargo, a medida que puedo ver la espalda de esa persona me doy cuenta de que la conozco perfectamente.
-¿Peeta?
Mi futuro marido se vuelve para ver a su familia al completo y esboza una sonrisa al tiempo que se seca las lágrimas. Jaden y Sarah salen corriendo para abrazarlo y yo me quedo algo más rezagada. Durante todo el trayecto he estado pensando mucho en nuestra relación. Hemos pasado 16 años juntos, unos mejores que otros, y sé lo mucho que me quiere. Me lo ha demostrado siempre, incluso cuando estaba envenenado. La forma en la que luchó para librarse del veneno sólo por amor, por no hacerme daño, por poder estar juntos. Y yo casi nunca le he demostrado que también le amo. Puede que no al principio no le quisiese, eso es algo que todo el mundo sabe, pero a medida que ha ido pasando el tiempo, el amor ha ido aumentado en consecuencia. Todos los momentos que hemos pasado, desde que me tiró el pan aquel día, hasta esta mañana. No puedo olvidar ninguno de los besos que me hicieron desear más, no puedo negar que no le quiero, y no puedo permitir perderlo. Si hemos superado dos Arenas y una guerra que eliminó muchas vidas a nuestro alrededor y que acabó con todo lo que conocíamos, podremos superar todo cuanto se nos ponga en medio. Lo que no entiendo es qué hace aquí. Quiero decir que sólo ha venido una vez al bosque y fue hace poco, conmigo. Justo a este mismo lugar. No comprendo que le ha podido llevar hasta aquí y cómo se ha acordado del camino.
-Katniss...
-Lo siento-digo automáticamente. No he dicho nada, pero mi silencio antes es lo que le está produciendo el dolor que siente.
-Será mejor que nos vayamos al agua-dice Sarah cogiendo de la mano a su hermano.
-No os metáis muy adentro-les advierto.
Espero a que los dos estén algo más lejos para empezar a hablar con Peeta. No quiero que presencien esta conversación.
-Pensaba que no ibas a venir hoy-dice.
-Peeta, quiero hablar contigo de la boda, pero te prometo que no es nada malo.
Me mira durante segundos a los ojos y me invita a que me siente a su lado. Me quito las botas y los calcetines y meto los pies en el agua. Instantáneamente viajo hasta hace un par de semanas cuando Peeta me pidió matrimonio y yo le dije que sí.
-Katniss, si no estás segura, lo entiendo. Has pasado por mucho y sé que casarte es una decisión que...
Le pongo un dedo en los labios y sello sus palabras. No pienso dejar que diga nada de lo que luego pueda arrepentirse o algo que pueda hacerme cambiar de opinión o hacerme daño. Miro sus ojos azules y sus pestañas doradas a la luz del sol. No hay nada que pueda hacer que no quiera casarme con él. Lo sé a medida que pasan los segundos. Amo a Peeta.
De repente , empiezo a reírme al tiempo que un par de lágrimas se escapan de mis ojos. Río porque le quiero demasiado y porque en estos momentos él piensa que voy a renunciar a lo que tanto le ha costado pedirme. Lloro por el simple hecho de perderlo de un momento a otro, por quererle como lo hago y no demostrárselo más a menudo.
-Te quiero, Peeta. Quiero casarme contigo-alzo la mano del anillo y luego la entrelazo con la suya-. Nada puede hacer que eso cambie, y aunque no nos casáramos cuando dijimos, lo haría en cualquier otro momento. Pero nunca pienses que puedan volver a separarnos. Nada lo hará.
Y no hace falta que diga nada más. Peeta me abraza con fuerza y ambos lloramos mientras reímos a carcajadas, ambos nos besamos, y él me seca las lágrimas cuando decidimos parar para respirar. Seguimos con las manos entrelazadas y noto como toda la preocupación que tenía se va lejos de donde estamos. Por un momento nos olvidamos de la presencia de nuestros hijos y nos tumbamos en la hierba, yo con la cabeza sobre su corazón, y él acariciándome el pelo.
-¿Sabes por qué he venido aquí? Este es el mejor lugar donde he estado. Todo es hermoso aquí, y además es donde me dijiste que sí.
-Necesitabas rememorar el momento.
-Sí, al fin y al cabo, pensaba que todo iba a estropearse.
-No lo vuelvas a dudar nunca.
-Nunca-repite y me besa la frente.
Sarah y Jaden ríen descontroladamente y entonces volvemos al mundo real, donde nuestro hijos se acercan a nosotros con la intención de hacer una guerra de agua. Peeta se adelanta a sus movimientos y moja a Sarah. Jaden, sin embargo, es más rápido y se aparta. Mientras ellos dos se pelean, mi hijo y yo firmamos una tregua para hacer fuego.
Cogemos unos cuantos palos y algo de hojarasca. Con un par de piedras que llevo siempre conmigo, consigo prender las hojas y el fuego se extiende por los palos. Jaden mira atento cada movimiento que hago y lo graba en su cabeza para poder ponerlos en práctica algún día.
-Creo que ya sé porque te decían la chica en llamas-ríe-. ¿Crees que podré hacerlo yo?
-Si has aprendido a cazar en unos días, no creo que tengas problemas con esto.
-Vamos a hacer la carne, ¡tengo hambre!- exclama pasándome uno de los conejos.
Le enseño a despellejarlo y a sacarle las tripas, luego le digo cómo hacer una base con palos para poder poner el conejo sobre el fuego para que se haga. Jaden hace todo cuanto le digo y en pocos minutos el conejo ya se está haciendo. Peeta y Sarah siguen luchando el la orilla, poniéndose empapados y sin dejar de reír. Todo el mundo lo dice; yo me llevo mejor con el niño, y Sarah se lleva mejor con su padre.
-¡Qué bien huele!-oigo decir a Sarah mientras Peeta la lleva en volandas hacia nosotros- ¡Suéltame!-chilla.
Peeta la deja en el suelo y Sarah sale corriendo hacia nosotros. Coge la bolsa de caza que llevaba ella y nos da a todos un par de bayas. Las comemos con mucho gusto y miro la casa vieja donde un día me encontré con Twill y Bonnie. Les cuento a todos la experiencia de ese día y Peeta parece enlazar mi accidente cuando intentaba volver a casa.
-¿Eso fue cuando te dañaste el tobillo? Recuerdo que vinieron a buscarte los Agentes de la Paz y todos , a nuestra manera, mentimos.
-Efectivamente. No tenía ni idea de que iban a electrificar la valla, así que me metí en el bosque como siempre.
-Menos mal que todo queda en el pasado y ahora estamos así-dice Jaden.
Peeta y yo nos miramos algo preocupados. Nuestros hijos no saben nada de lo que está pasando ahí fuera. Les hemos mantenido al margen de todo lo que Haymitch nos ha contado y creemos que en el colegio nadie les ha dicho nada. Así que, de nuevo, nos toca contarles lo que está sucediendo y decirles que todo va a ir bien.
-Lo cierto-comienza Peeta-, es que no todo está bien.
-¿Qué quieres decir?-interviene Sarah.
-Bueno, el Presidente Simon tuvo un accidente y han convocado unas elecciones.
-Están intentando retrasarlas lo máximo posible para alertar a la gente de que elegir mal puede resultar nefasto-añade Peeta.
-Y esto puede provocar alguna que otra revuelta- termino yo.
-Pero, ¿qué tiene de malo? Puede que si hay revueltas haya algún daño para alguien, pero seguimos a salvo, ¿no?-pregunta Jaden.
Quizá mis hijos nunca logren entender que hay gente que me odia por haber sido el Sinsajo y porque parte de sus familias murieron por mi causa. No comprenden que aún hay gente que está de acuerdo con el gobierno que había antes de Coin. Así que molestarme en intentar explicarles que los Juegos y toda la maldad y esclavitud que había antes pueden volver, sólo les infundiría miedo y no conseguiría nada de nada. Peeta parece pensar lo mismo que yo y me asiente levemente.
-Paylor está entre los candidatos, no creo que pase nada-les guiño un ojo y con eso acabamos la conversación.
Pasamos la tarde intentando que tanto Sarah como Jaden aprendan a nadar. Peeta se a negado a aprender, pero supongo que tengo muchos años por delante para que acceda. Los chicos, por otra parte, lo intentan con todas sus fuerzas, pero la única que consigue algo de progreso es Sarah. A Jaden nadar no se le da tan bien como cazar. Decido que siempre que podamos vendremos juntos al bosque para que aprendan poco a poco tanto a cazar como a nadar. Al fin y al cabo es una actividad que podemos hacer en familia, que nos puede ayudar en un futuro y pasamos tiempo juntos, mostrando aquello con lo que crecí y sobreviví.

Al llegar a casa, ya entrada la tarde, casi para dar paso a la noche, Effie tarda en abrir la puerta. Nos quedamos los cuatro al menos cinco minutos esperando alguna señal de vida, hasta que descubro que hay luz en casa de Haymitch. Dejamos nuestras cosas en el porche y nos dirigimos a la casa del mentor en busca de las llaves para abrir nuestra propia casa. Una imprudencia que a ninguno de los cuatro se nos haya ocurrido cogerlas para poder entrar cuando quisiésemos volver.
De no ser por que hay luz, supondría que al igual que en mi casa, tampoco hay nadie en casa de Haymitch. Tardan y tardan en abrir la puerta. Incluso llamamos un par de veces antes de que Cinna, nos abra con cara de preocupación.
Entramos dentro y vemos que Effie está plantada delante de la pantalla mientras Haymitch le grita algo a alguien por teléfono. Con sólo ver la escena sé que algo va mal, muy mal. Y todo tiene que ver con las elecciones, ¿qué si no?
Me acerco al salón y me siento al lado de Effie para tratar de rescatar información valiosa de la pantalla. Hay una chica en lo que parece un hospital del Capitolio. Está intentando hablar con un médico sobre el estado de...¿Paylor?
-La ex presidenta ha tenido suerte. Aún no sabemos muy bien las causas del accidente, pero tenga por seguro que es casi un milagro que haya conseguido salvar la vida.
-Gracias, doctor. ¿Se sabe si podrá asistir a la candidatura?
El médico piensa dubitativo durante largos segundos y mi corazón mientras se acelera rápidamente. Si dice que no está claro que no sabemos qué nos podremos encontrar el día de las elecciones, no podremos controlar quién saldrá.
-No lo sabemos-sentencia-. Ha recibido un impacto que le ha provocado una fuerte conmoción cerebral. Pero, si quiere un respuesta personal, yo diría que no. No si es dentro de semana y poco.
-Muchas gracias, doctor-la presentadora se dirige a cámara y dice-:estas son las últimas noticias del estado de Paylor, seguiremos informando.
La pantalla se oscurece y veo que Effie ha apagado la televisión. Cinna y Peeta también han presenciado la noticia, y Sarah y Jaden se han quedado mudos. Haymitch aparece con una botella en la mano y nos mira a todos.
-No me lo han asegurado pero todo apunta a una conspiración. Es extraño que en menos de un mes un presidente haya muerto y la ex presidenta haya tenido un accidente el mismo día que anuncia que quiere volver al mando.
Así que al final Paylor ha anunciado públicamente que vuelve a presentarse, bueno, quizá ya no. Ahora solo me queda esperar lo peor, esperar que cualquiera suba al poder, que los que hayan asesinado a Simon y los que hayan intentado hacer lo mismo con Paylor, vengan a por mí. Me aplasto cuanto puedo en el sillón y sigo escuchando las malas noticias que trae Haymitch.
Parece que los ánimos se habían calmado desde el comunicado de Paylor esta tarde, que las revueltas y los posibles levantamientos se habían cancelado y todo el mundo estaba contento con la noticia. Pero ahora que la ex presidenta ha tenido el dichoso accidente, podemos esperar no sólo un gobierno que no respete las Normas de la Paz, sino otra rebelión organizada por los distritos. Y no estoy dispuesta a volver a luchar contra más personas, y mucho menos a dejar que mis hijos presencien algo así. 

miércoles, 18 de julio de 2012

Capítulo 3 (Parte I)


Decir que casi no me desmayo sería mentir. Pero la emoción es tan fuerte que no lo hago. Salgo despedida hacia Cinna y lo abrazo con todas mis fuerzas. Lloro de alegría y no me importa hacer sonidos raros mientras noto sus brazos sobre mi cuerpo. Está vivo. Es imposible. No, no lo es. Lo tengo entre mis brazos y está diciéndome que estoy estupenda. Él también lo está. No ha cambiado nada. Seguro que se ha hecho alguna cirugía en el Capitolio para conservarse así todos estos años. Cuando me aparto de él siento la necesidad de volver a abrazarlo. Pero reprimo mis ganas. Lo miro de arriba abajo y descubro que sí que algo ha cambiado. Tiene una enorme cicatriz en la mejilla derecha y supongo que tiene que ser fruto de las torturas recibidas años atrás.
-¿Cómo...? Me dijeron que habías muerto.
-En cierto modo era verdad- frunzo el entrecejo-verás-, me torturaron, me hicieron mil cosas. Me dieron por muerto después de una paliza. Pero cuando aparecieron los hombres de Coin para rescatar a Peeta y los demás, también me encontraron a mí. Me llevaron al Distrito 13 y consiguieron salvarme la vida.
-¿Por qué nadie me dijo nada?
-Consideraban que después de cómo te trató Peeta, yo podría hacerte lo mismo. Pensaban que estaba envenenado por las rastrevíspulas. No podían fiarse aunque yo les dije que no era cierto. Además, estabas apunto de entrar en una guerra y no lo vieron adecuado.
-¿Y por qué después nadie me avisó? Quiero decir, la guerra había acabado, tú no estabas envenenado.
-Fue decisión mía. Al enterarme de lo de tu hermana y de tu estado emocional, no quise que me vieses. No sabía cómo te iba a sentar. Volví al Capitolio y rehíce mi vida.
Me vuelvo hacia Effie y la miro con algo de odio. Ella lo ha sabido todo este tiempo y nunca me lo dijo. Tendría que haberlo hecho. Es Cinna. Está vivo. Han pasado años, años en los que pensaba que estaba muerto por mi culpa y nadie me quitó ese peso de encima. Pero me alegro de que sea así porque es el mejor regalo que me podían haber hecho. Cinna está aquí, puede ver mi boda, y encima llevaré un vestido suyo. Sonrío a Effie y le doy las gracias, luego miro a Cinna y sonrío también. Me alegro tanto.
-Bueno, creo que es hora de que veas ese vestido tuyo, ¿no?
-De eso ni hablar.- Effie se planta entre los dos y mira a Cinna profundamente-. El vestido es alto secreto, no lo puede ver ahora.
-¿Cuándo si no? Imagínate que tengo que hacerle algún ajuste, eso conlleva tiempo.
Effie se cruza de brazos y mira al suelo. Enarca una ceja y me mira un segundo. Frunce los labios y se rinde.
-Vale, que se lo pruebe. Pero tiene que ser deprisa. Peeta y los niños están apunto de llegar.
Cinna se dirige a el baño y trae lo que debe ser mi vestido envuelto en una tela oscura. Me pide que cierre los ojos y que me de la vuelta hasta que él diga. Hago lo que dice y espero. Escucho como Effie y él susurran algo. Luego Cinna me dice que me quite la ropa. Cuando lo hago levanto los brazos intuyendo que este es el paso a seguir, como en los viejos tiempos. Noto como el vestido cae por todo mi cuerpo, como se amolda a mis curvas. Cinna me gira y ajusta algunas partes mientras Effie declara que es excelente.
-Abre los ojos.
Miro hacia abajo y lo veo. Es blanco con rayas negras diagonales en toda la falda. Toco la tela y descubro que las franjas negras son plumas. Me miro al espejo que han colocado enfrente de mí y puedo verme. De nuevo lo ha hecho. Me ha convertido en el Sinsajo. Me recuerda al vestido que llevé en la entrevista del Vasallaje. Pero este es mucho más bonito. El escote cae en picado y veo como lo bordes están repletos de diminutos diamantes transparentes. La cola es larga ,y también está hecha de plumas blancas. La espalda está medio descubierta y de nuevo, por los bordes hay una infinidad de diamantes, aunque esta vez son negros. Cinna me coloca el velo. Es de seda blanca con pequeñas piedras preciosas recorriéndolo.
-Gracias- es lo único que puedo decir.
-Hay algo más-dice- ¿qué le falta a la chica en llamas?
-Fuego-admite Effie, impresionada con la belleza del vestido.
Giro sobre mi misma, porque sé que es lo que Cinna quiere, y las llamas se prolongan por todo le vestido. Cuando paro, la llamas desaparecen, sin embargo el velo comienza a arder y la luz que emite hace que mis ojos se realcen y mi cara quede empapada por el esplendor. No hay adjetivos suficientes que describan su trabajo. Sin duda este es el mejor traje que Cinna a podido hacer. Ni en un millón de años podré agradecérselo.
-¿Te gusta?- me pregunta.
-Es el mejor de todos, Cinna.
-Gracias- sonríe.
Effie sale despedida de la habitación cuando el timbre abajo suena y por la escaleras oigo sus tacones bajando todo lo que deprisa que pueden, también se oye algo así como “quitate el vestido”. Le hago caso y con ayuda de Cinna consigo salir de él. Vuelvo a ponerme mi ropa y cojo al estilista de la mano. Él no conoce a los niños, y éstos hasta hace poco no sabían nada de él. Peeta se llevará una gran sorpresa cuando lo vea. Estamos entrando en la cocina cuando oigo:
-¿Y cómo ha pasado? Eso tiene mala pinta...
-¿Qué pasa?-pregunto entrando y veo la escena.
Peeta tiene una quemadura que le recorre todo el brazo izquierdo. Es horrible sólo con verlo desde aquí. La carne ensangrentada y llena de ampollas por todas partes. Los niños están uno al lado del otro poniendo muecas de dolor cuando Effie trata de tocar la herida de mi novio. Es cuestión de segundos transportarme a la Arena y ver la quemadura que me hice en la pantorrilla. Me producía un dolor intenso y, de no ser por la crema que los patrocinadores me enviaron, no sé que hubiese pasado con la pierna. Me acerco a Peeta y aparto a Effie a un lado. Examino la quemadura y me muerdo el labio inferior. Si mi madre o mi hermana estuvieran aquí les dejaría el trabajo a ellas, pero desgraciadamente ninguna de las dos puede ayudarme y me toca a mí, con lo que odio esto.
-El horno, un panecillo se cayó e intenté rescatarlo-me explica.
-Creo que no lo conseguiste- niega con la cabeza-. Traedme agua fría y un paño. No recuerdo cuál era el remedio de mi madre para las quemaduras.
-Tengo algo del Capitolio que lo arreglará en horas-anuncia Cinna entrando por la puerta, dejándose ver al mundo.
Peeta tiene la misma reacción que yo. Se levanta de la silla y sus labios forman una “o”. Haymitch, que hasta ahora no lo había visto, deja escapar de sus manos una botella que cae al suelo y se rompe. Effie mira el suelo con asombro y luego entrecierra los ojos. Los niños, al no entender nada, no reaccionan de ningún modo.
-¿Cómo es posible? ¿Cinna tiene un hermano gemelo y nunca nos lo contó?- pregunta Peeta.
-No. Soy yo.
-Había oído que te rescataron cuando a Peeta y los demás, pero nunca lo creí- dice Haymitch-. Pensaba que era mentira, no te vi por el 13.
-No me dejaron salir, pero todo lo que te dijeron es verdad.
-¿Te envenenaron con rastrevíspula?
Ahora Peeta tiene otra reacción completamente distinta. Mira a Cinna y sin pensarlo dos veces se coloca delante de mi, como para protegerme. Pensará que si Cinna fue tratado igual que él, me odiará y querrá matarme. Cinna no tiene por qué haber luchado contra él mismo para librarse del veneno si nada, o casi nada, me ata a él.
-No-digo yo y me pongo al lado de Peeta-, pero lo pensaban, por eso no dejaron que se me acercara- miro a Peeta y lo tranquilizo poniéndole las manos en la cara.
-Pero, ¿por qué no has venido en todos estos años? ¿Por qué no llamaste?-ahora Peeta mira a Cinna.
-Las últimas noticias que me llegaron de Katniss eran la muerte de su hermana, y el asesinato de Coin. Sólo me dijeron que emocionalmente estaba devastada, y de ti, Peeta, que tenías muchos demonios internos contra los que luchar. No quise entorpeceros más vuestro camino. Cuando volvisteis al 12, ya nadie me dio más explicaciones. No sabía que estabais juntos, ni que habíais tenido estos dos niños tan preciosos- Cinna mira a Sarah y luego a Jaden y sonríe-. Hasta que hace unos días Effie me llamó diciéndome que os casáis y que me necesitaba, bueno, a mí y al vestido.
-Y aquí estás- Haymitch se acerca al estilista y se dan un abrazo amistoso-. Sin duda va a ser la boda perfecta- se vuelve a Effie y le guiña un ojo.
-Oh, chicos, este es Cinna, mi estilista.
Jaden y Sarah se miran, enarcan una ceja y, los dos a la vez, recuerdan todo lo que les dijimos de él. Sonríen y asienten a la vez. Entonces se apresuran a abrazarlo y a presentarse. Cinna intercambia algunas palabras con los dos y en pocos minutos se convierte en una conversación sobre sus padres y sobre ropa. Ya se han hecho amigos. Mientras sucede todo esto, yo vuelvo a sentar a Peeta en la silla, que aún no puede creerse que esto esté sucediendo. Haymitch me pasa una palangana con agua fría, y Effie me da un paño. Le limpio la herida a Peeta y agradezco que Cinna tenga un producto capitoliano con el que tratar la quemadura. Me traen el ungüento y termino de curar la herida.
Peeta se ofrece voluntario para organizar la cena, pero sólo le dejo hacer eso. De preparar el menú que él elija ya me encargo yo. Sarah se ofrece a ayudarme pero Effie la echa porque tiene que contarnos algunas cosas a los mayores. Así que mis hijos se van con Cinna y con Haymitch al salón a compartir historias. Supongo que a conocer la visión del estilista de los Juegos.
-Veamos- comienza Effie mientras yo preparo pasta-, las invitaciones están enviadas. Me tomé la molestia de hacer una para Cinna, aunque visto lo visto, no la necesita. Todos los vestidos y trajes, incluido el mio y el de Haymitch ya están listos- hace una pausa para mirar su libreta y sigue-. Nos falta el lugar dónde se celebrará y toda la decoración. Oh, ¿tus votos, Peeta?
-Hechos- dice él-. Los tenía desde hace mucho tiempo.
Sí. Ha debido pasar tanto tiempo soñando con nuestra boda que los votos eran lo de menos. Además, estoy segura de que aunque no los tuviera, sería capaz de decir lo más bonito del mundo en el momento, sin necesidad de ensayar antes.
-¿Alguna idea del menú?
Peeta y yo nos miramos y dejo que sea él el que hable:
-Hemos pensado que el menú sea algo traído del Capitolio, cualquier cosa que nos pusieran cuando estuvimos allí. Ya sabes, no todos los invitados han tenido la oportunidad de comer algún manjar de ese tipo.
-Vale, sin problemas. Contrataré a los mejores cocineros y tendréis el mejor menú, ya lo veréis.
-Yo he pensado que lo ideal sería celebrarlo en la Pradera. Es grande, la hierba hace el lugar agradable y se puede ver el bosque desde allí.
-Sí, me parece bien. Ahora solo queda la decoración- se relame los labios y comienza a escribir con letra rápida todo lo que se le viene a la cabeza.
Cenar con Haymitch, Effie, Cinna, Peeta y los niños es lo mejor que puedo pedir en estos momentos. Somos como una gran familia, compartiendo momentos, contando anécdotas y dedicándonos cariño. Me alegro de que todos estemos a salvo, de que los Juegos hayan acabado, de que no haya peligro y podamos tener días así para siempre. Somos una familia que ha visto cosas horribles y sufrido pero que sabe mantenerse en pie a cada momento, todos unidos y cogidos de la mano para que ningún cimiento se caiga. Echo de menos a otras personas, algunas que no podrán volver y otras que quizá vea dentro de poco. Como los demás estilistas. Tengo unas enormes ganas de ver a Octavia. Flavius y Portia. Los tres sentados a la mesa también. Y a mi madre, que ya es abuela por doble partida y no lo sabe. Adorará a sus nietos, estoy segura. Y, aunque resulte raro, también echo de menos a Gale. Muchas veces me pregunto qué habrá sido de su vida, si habrá encontrado el amor y qué estará haciendo. Pero, si la suerte está de mi parte, puede que lo descubra en poco tiempo.

Lo que pensaba, Effie me tiene loca de un lado a otro buscando toda la decoración. Aún quedan dos semanas, bueno, algo menos, pero ella insiste en que si no seguimos la programación, no lo haremos todo a tiempo. Así que, nos encontramos caminando por el Distrito 1, después de hacer un viaje algo más largo que el que nos dejó en el 8. Esta vez Haymitch se ha quedado en casa y en su lugar ha venido Cinna. Él sabe mucho más que el mentor sobre decoración y por esa parte estoy contenta. Puedo pasar tres días agradables con mi estilista, y conociendo su historial sumado al de Effie, todo será perfecto.
-Rosas blancas, irán acorde con el vestido-replica Cinna a algo que previamente a dicho Effie.
-Pero si solo son blancas quedará muy soso. Apuesto por las rojas.
-Entonces las llamas no destacarán-afirma Cinna-, blancas y negras.
-¿Negras?-intervengo yo de repente por qué no sabía que existían de ese color.
-Las modifican genéticamente- aclara Effie-. Rojas, rosas, o de otro color pero no esos.
-Está bien, haz lo que quieras, pero insisto en que sean del mismo color que el vestido de Katniss.

Capítulo 3 (Parte II)


Yo ,como siempre, dejo que sean ellos los que se peleen. La verdad es que me da igual si las rosas son rojas, negras, blancas o moradas. Lo que me importa es que todo esté bien, que sea como sea, todos los invitados, mis hijos, y sobretodo Peeta, estén contentos y felices. Pasar el mejor rato posible. Y no creo que el color de las flores vaya a estropear lo que quiero, así que, me da igual. Sin embargo, me molesta que ninguno de los dos me pregunte si prefiero uno u otro. Ya sé que ellos quieren encargarse de todo, pero podrían consultarme. Al final, cansada de tanta pelea, decido intervenir.
-Vamos a ver- me coloco en medio de los dos y les señaló las rosas que tenemos delante-, miradlas bien. ¿No son todas preciosas? Si no os decidís por ninguno de los tres colores, elegid los tres. Puede que el rojo haga que mis llamas no destaquen, y que las blancas y negras sean muy sosas si no hay más variedad, por lo tanto, comprad de los tres colores y luego elegid dónde colocarlas para que tanto el vestido como las llamas destaquen sobre ellas.
Parece que mis palabras calman a los dos y que llevo razón, puesto que se callan y, Effie se dirige al mostrador de la floristeria y encarga cierto número de todas las rosas que no llego a oír. Entonces, una vez pagado el encargo, salimos del establecimiento y bajo órdenes de la estricta libreta de Effie, caminamos hacia una joyería. La idea es comprar un colgante para mí y otro para Sarah. Ese trabajo se lo dejamos a Cinna, ya que él más que ninguna de las dos sabe cual sería el complemento perfecto acorde con los vestidos.
Mi colgante tiene muchos, muchos diamantes, que van desde el más pequeño al el más grande, terminando en en uno con forma ovalada que recae justo sobre el escote. Los diamantes transparentes, según Cinna, se verían dorados a la luz de las llamas y daría el toque perfecto. Cuando lo veo colgando de mi cuello, veo como será a la luz del fuego y sonrío. Sin duda Cinna siempre hace que lo que parece sencillo se convierta en una obra maestra. También elige un par de pendientes a juego preciosos, y entonces, se pone a observar los posibles complementos que mi hija podría llevar.
-Mira este- señala uno que hay en el mostrador.
Es un colgante con la cadena plateada y muchas perlas relucientes. Hay un par de pendientes iguales, una perla perfecta cada uno. Al no saber como es el traje de la niña, me encojo de hombros, pero la verdad es que el collar me encanta. Effie se asoma a verlo y asiente con la cabeza enseguida, entonces Cinna le dice al dependiente que se los lleva también. Bien, otra cosa más hecha.
-¿No estáis cansadas? Llevamos todo el día recorriendo calles sin parar. Podríamos parar a comer algo- Cinna mira a Effie pidiendo permiso.
Ambos estamos seguros de que se negará y de que en su libreta rescatará la siguiente parada en la búsqueda de complementos y decoración. Pero, para nuestro asombro, dice que hay un lugar cerca de donde estamos en el que sirven unos platos exquisitos. Así que, con paso relajado, nos dirigimos a donde ella dice.
-Esto es excelente-sentencia Cinna cuando termina su plato.
Y yo, asintiendo, remarco sus palabras. Después de todo lo que comí en el Capitolio, esto es lo mejor que he probado. Nos han servido varios platos pequeños con diferentes alimentos en cada uno, y entre los tres hemos devorado todo lo que teníamos enfrente. Effie parece perdida en sus pensamientos, a saber si en la decoración, en los vestidos, en la comida, o en qué relacionado con la boda. La miro con descaro y al ver que no sé da cuenta digo:
-¿Pasa algo?
La pregunta la pilla por sorpresa y niega con la cabeza. Afirma que está cansada y que deberíamos reservar habitación para esta noche en algún hotel o no vamos a encontrar nada cuando se haga más tarde. Pagamos la comida y, tras preguntarle a una pareja por un hotel, nos encaminamos allí.
-Katniss, he estado pensando- dice al final Effie-, que no tenemos una banda musical. Puedo intentar encontrar una en este distrito, así que, cuando nos registremos en el hotel, ambos podréis quedaros allí mientras yo lo busco.
-¿Seguro que no quieres que te acompañemos?- le pregunto algo extrañada-. No creo que nos importe.
-No, de verdad, descansad. De todas formas yo tengo que ir a ver un par de cosas y quiero que mañana no estéis cansados. Tenemos que ver muchas más cosas y el viaje de vuelta será duro, así que, dejadme esto a mí.
Cinna no opone resistencia, y la verdad, yo me encuentro bastante agotada. Es raro. Normalmente estoy acostumbrada a cazar durante todo el día y apenas si me entero al volver a casa, y ahora, aunque hayamos estado caminando y mirando cosas por todos lados, no debería sentirme tan cansada.
Pedimos una habitación doble para Effie y para mí, mientras que Cinna se queda con una individual. Es hotel es bastante lujoso -como todo lo que hay en este distrito-, sin embargo, nunca alcanzará la planta del Distrito 12 en el Centro de Entrenamiento. Es como si antes de morir siendo tributo, dejaran que experimentases lo que es el lujo y el placer, vivir como un capitoliano antes de ir a la batalla. Ya lo pensé estando allí. Sí. Cada vez que veía uno de esos platos exóticos delante de mí, o cada vez que me tumbaba en la cama, o cualquier detalle, despertaba en mí ese sentimiento.
-Katniss, ¿quieres hacer algo mientras esperamos a Effie y la cena?
-Bueno, quería hablar contigo sobre algo. En realidad también debería saberlo Effie.
-Dime de que se trata y luego lo hablamos con ella.
Entramos en mi habitación y nos sentamos en unos sofás individuales de cuero blanco. Pienso por un momento cómo plasmar mi idea. Aún no sé muy bien qué es lo que quiero. Sólo que sea algo especial, algo que Haymitch recuerde toda la vida. Se lo debo.
-Ya sabes que Haymitch ha ejercido bastante bien su papel de mentor todos estos años- Cinna afirma con la cabeza-, y me gustaría hacerle algo especial. Como un homenaje.
-Se lo merece.
-Sí, eso es justo lo que pienso. Pero...-hago una pausa y me detengo a pensar- no sé qué podría ser.
-Piensa en algo que le guste.
-El alcohol- digo automáticamente.
-¿Nada más?
He pasado mucho tiempo con él, sin embargo, me doy cuenta de que nunca me he fijado en sus gustos, al menos en los más profundos. Sé todo lo que odia, prácticamente porque también son mis odios. Pero en cuanto a gustos...Sólo se me ocurre la bebida. Y mis hijos. Bueno, muchos platos que nos pusieron en el Capitolio. Y puede que la soledad. Aunque de eso ya no estoy segura. Desde que Sarah nació fue como si él necesitara compañía, por eso empezó a venir regularmente a casa. Y siempre le traía cosas. Incluso dejo de beber un poco sólo por ella. Y cuando nació Jaden todo aumentó más. No digo que dejara de hacer sus cosas particulares, pero fue como si su vida experimentase un cambio.
-Mi familia- digo.
-Peeta sabe dibujar, ¿no?
-Sí, pero, ¿eso qué tiene que ver?
-¿Que tal si Peeta hace un cuadro donde estéis todos? Podríamos colgarlo en un lugar de la casa de Haymitch donde lo viera todos los días. Eso le recordaría que él también tiene una gran familia. Sé lo muy necesitado de cariño que está, o por lo menos lo estaba en los Juegos.
Me doy cuenta de que el estilista y el mentor se llevan mejor de lo que esperaba. Supongo que durante mi estancia en ambas Arenas, lo dos tuvieron tiempo de charlar y conocerse. De saber muchas cosas el uno del otro. Al fin y al cabo los dos estaban unidos por la misma causa; que tanto Peeta como yo nos mantuviésemos con vida.
-Me gusta la idea- sonrío-. Pero creo que le falta algo.
-¿A qué te refieres?
-Supongo que una familia de verdad.
-Siempre quiso tenerla, ¿sabes?- enarco una ceja a modo de respuesta-. Haymitch es un tipo duro, que se refugia en la bebida y al que parece que nada le importa. Pero lo cierto es que aún sigue teniendo dentro el niño de catorce años que participó en el segundo Vasallaje. Ya no puede aspirar a forma una propia, creo que por eso está tan unido a los chicos.
-Sí- afirmo-, los quiere mucho. Es casi irreconocible si lo ves con ellos.
Ambos nos reímos y luego pensamos más cosas que podríamos hacerle. Se nos ocurre una mesa repleta de licores de todos tipo. Una botella del licor más exclusivo y especial de cada distrito. Sé que eso le haría mucha ilusión, y, aunque no me gusta que ande todo el día bebiendo, creo que será una muy buena idea. Así que al final decidimos que su homenaje será un cuadro hecho por Peeta, y 13 botellas del mejor licor de Panem.

Cuando Effie llega, Cinna y yo ya estamos cenando. La hemos esperado pero tardaba tanto y estábamos tan hambrientos que hemos decidido bajar al comedor antes de que ella llegara. Parece que viene mucho más animada que antes, con la libreta rosa abierta y sonriéndonos. Se sienta y me mira ilusionada.
-Todo hecho. Ya tenemos todo lo que faltaba de decoración, la bando musical, y los complementos de cada uno. Así que mañana podremos pasar el día tranquilamente sin la necesidad de comprar nada. Sé que os gustaría volver antes a casa, pero, lamentablemente los billetes del tren están sacados.
-¿Cómo has conseguido todo lo que teníamos preparado para mañana?- pregunta Cinna algo perplejo.
-Tengo mis trucos- y tras guiñarle un ojo se levanta a servirse la cena.
Effie está de acuerdo con los regalos para Haymitch y comenta que a ella también le encantaría formar una familia, aunque, claro, ya es demasiado tarde. Ahora me siento mal por no haber pensado en hacerle algo parecido a ella. Al fin y al cabo, también estuvo acompañándome a cada lugar durante los dos Juegos y se portó igual de bien. Es más, le debo toda la puntualidad, consejos sobre cómo actuar, y que hiciera que mi estancia en los trenes y en el Capitolio fuera menos pesada. Por ello mi mente comienza a maquinar algo para ella. Pienso que Cinna podría ayudarme y que esta vez contaré con la ayuda de Haymitch para su homenaje.

Por la mañana no hay nadie que venga a despertarme y a decir que hoy será un día muy, muy, muy importante. Nadie que me diga que tengo que hacer esto o aquello, nadie que me saque de la cama para revisar preparativos. Sin embargo, una pesadilla me despierta y siento que no seré capaz de volver a dormir. Me giro para observar a Effie, pero ésta no está. Ha debido levantarse temprano -como siempre- para hacer alguna de sus tareas. Me quedo un rato en la cama, pensado en Peeta. Echo de menos sus brazos para protegerme de la oscuridad que cada noche amenaza que con llevarme lejos de él y de todo cuanto quiero. Esta vez la pesadilla era sobre el Presidente Snow y Coin. Resulta que los dos corrían tras de mí para matarme. Justo cuando los perdía de vista aparecía Cato, pero no tenía la intención de hacerme daño. Estaba gritándome que corriera, y no decía mi nombre. Decía Prim. Al mirarme descubría que yo era mi hermana y cuando volvía la vista a Cato, me veía a mí misma, segundo antes de que la bomba se llevase a mi hermana para siempre.
Me levanto algo triste por recordar a Prim, por recordar que no está conmigo. Sin embargo siempre la he sentido cerca de mí. He pensado en ella muchas, muchas veces. Siempre diciendo si esto o aquello le gustaría o si hacía lo correcto. Incluso, cuando me enteré de que estaba embaraza, pensé en ponerle su nombre si era una niña. Hasta Peeta me insistióque fuera así, no obstante, cuando tuve por primera vez a Sarah en mis brazos supe que no era Primrose. Ese no debía ser su nombre. En ningún momento me recordó a ella, ni siquiera tienen gustos parecidos. Peeta me dijo que le pusiera Prim por enésima vez. Pero me negué, no estaba preparada para recordarla a cada momento con sólo ver a mi hija. De hecho puede que aún no lo esté. No hasta que desaparezcan las pesadillas que me llevan a su muerte, no hasta que deje de llorar cuando la recuerdo tanto que no puedo reprimir la lágrimas. No hasta que sea capaz de hablar de ello, porque nunca lo hago. Evito hablar de Prim con nadie. Sólo lo hacía con mi madre hasta que nuestra relación se cortó. Y con Peeta tampoco lo hago. Él sabe que me duele y no dice comentarios que me lleven directamente hasta sus recuerdos.
Me visto y salgo para ir al comedor, necesito tomar algo de café para despejar los pensamientos que se me agolpan. Me gustaría tener a Peeta a mi lado en este preciso momento. Él sabe que las peores pesadilla son de Prim. Sabe cuál es mi reacción cuando tengo una y enseguida sabe qué tiene que hacer para que su muerte no me robe por completo. He estado mal mucho tiempo por ella, como dijeron, estaba mentalmente desorientada, y la verdad, no digo lo contrario. Estuve sin salir mucho tiempo, sentada en la mecedora a la luz de las llamas en la chimenea, odiándome por dentro por cada vida perdida por mi causa y queriendo morir al no tener nada. Pero menos mal que un día encontré las fuerzas que tenía perdidas en mi interior y al encontrarme con Peeta plantado en el jardín me di cuenta de que debía regresar, de que mi tiempo lejos de Panem y del Distrito 12 había llegado a su fin.
-Buenos días-dice Effie sentándose a mi lado.
-Hola-respondo.
-¿Te encuentras bien?
Por un momento pienso en contarle cómo me siento y qué me pasa, pero finalmente no lo hago. Lo que decía, aún no estoy preparada para hablar de ello. Ni siquiera me atrevo a pensarlo mucho tiempo porque sé que si lo hago corro el riesgo de no volver. Me limito a bloquear estos pensamientos y centrarme en otras cosas, aunque sé que algún día no podré separarlos de mi mente y entonces acabarán estallando todos estos años.
-Sí, he pasado una mala noche, pero ya estoy bien.
-Lo sé, has gritado muchas veces.
-Lo siento, Effie. Peeta es el único que puede hacer que las pesadillas desaparezcan.
Effie sonríe mientras se lleva un panecillo a la boca. Me mira pensativa, como si quisiera decirme alguna cosa importante, pero como si algo se lo impidiera. No quiero preguntarle qué es. Puede que tenga que ver con lo que le pasaba ayer, o con cualquier cosa en particular, ya se sabe como es esta mujer. Sin embargo, después de unos segundos, hace amago de decirme algo, pero Cinna nos interrumpe, y además, parece que no trae buenas noticias.
-Effie, Katniss. Tenemos que irnos, ahora- mira a Effie y en la mirada descubro que algo malo pasa-. No hay tiempo para nada más, sé que tenemos que irnos esta tarde, pero no podemos seguir aquí. Recoged vuestras cosas, nuestro tren sale en media hora.
-¿Qué pasa. Cinna?- me atrevo a preguntar temiendo lo peor.
-Nada bueno, Katniss. Nada bueno...

sábado, 14 de julio de 2012

Capítulo 2 (Parte I)


Siempre me he preguntado por qué Peeta tardaba tanto en pedirme matrimonio. Al fin y al cabo, después de todo lo que pasamos desde los Juegos y de tener dos hijos, es lo menos que podía esperar. Pero ahora lo sé. Tenía miedo a que, por haber intentado matarme al estar bajo los efectos del veneno, yo le odiase o lo olvidase por completo. Seguro que ha tardado tanto para asegurarse de que no quedaba ni un rastro de rastrevíspula en su interior. Hubo un momento en estos 16 años que pensaba que ya nunca iba a contemplar la posibilidad de casarme, pero después de la petición de esta tarde, todo ha cambiado. No podré decir nunca que hubiese podido ser mejor. Peeta ha hecho que su petición sea mucho más que inolvidable. Cierro los ojos al pensar en el sonido del agua, en la brisa cálida sobre nosotros, el sol ocultándose entre las montañas. El pelo dorado de Peeta con esa luz anaranjada. Llevaba preparándolo meses, contando cada minuto, cada segundo hasta ese momento, y a cada hora que pasaba se sentía más nervioso por el ansiado momento. Yo no había sospechado nada, ni cuando la noche anterior se lo había contado a Jaden, ni cuando al medio día se lo había comentado a Sarah, ni cuando se lo había explicado todo a Haymitch esta mañana. Ahora él se encuentra durmiendo, a mi lado, agarrando la mano que sostiene en el dedo anular el anillo de compromiso. Hoy me toca a mí velar por su seguridad, por que esta noche descanse. Así puedo pensar lo que siento, el sentimiento tan agradable que me produce pensar en nuestra boda. Nuestra boda. Recuerdo con vehemencia cómo le dije un millón de veces a Gale que no me casaría y no tendría hijos, pero, claro, por aquel entonces nunca hubiese imaginado todo lo que ha pasado hasta el momento. Y la verdad es que ahora mismo lo que más me hace feliz es saber que voy a estar con Peeta el resto de mis días. No hay nada en este mundo que pueda cambiar el deseo de que llegue ese día, dentro de tres semanas. Al decirle que sí a su propuesta de matrimonio, inmediatamente después de mil besos por mi parte, llegó la pregunta de cuándo. Yo contesté que cuanto antes, que por mí lo hacíamos en ese mismo instante. Peeta no se lo podía creer porque pensaba que incluso me iba a negar. Supongo que tantas veces dije que no quería casarme que todo el tiempo estuvo paralizado, encontrando un momento para hacerme la propuesta y desear que fuera un sí, aunque fuera un sí no muy convincente. Así que dentro de tres semanas pasaré de ser Katniss Everdeen a ser Katniss Mellark. Las cosquillas se apoderan de mi estómago al pensarlo.
-Me encanta cuando sonríes así- suelta de repente.
-Hola- le digo sonriendo más todavía.
-¿Qué hora es?
-Van a dar las siete- respondo- duérmete otra vez, hoy es sábado, descansa.
-No podré hacerlo si tú no lo haces conmigo.
Apoyo mi cabeza en su pecho y pongo la mano del anillo sobre su corazón. Escucho su acompasada respiración y tarareo la misma canción que le canté a Rue antes de su muerte. Noto que mis párpados se cierran al los segundos y antes de sumirme en el sueño digo:
-Te quiero.
Cuando me despierto el sol está muy alto, brillando con fuerza, proyectando que hoy será un gran día. Al incorporarme unos brazos se enganchan a mi cuello y una enhorabuena sale de la boca de alguien. Enseguida algo pesado cae sobre el lío de brazos y piernas que me cubren y las habitación se invade de risas.
-¡Papá, para!-grita Sarah intentado devolverle las cosquillas a Peeta.
Jaden se abalanza contra su padre sin resultados. Sarah patalea sin parar de reír y Haymitch vitorea a Jaden para que siga intentando derrotar a su padre. Al final, algo confusa por este despertar que no me esperaba para nada, decido luchar contra mi futuro marido haciéndole cosquillas a él también. Sarah se escabulle de sus manos y nos quedamos Peeta y yo solos en el campo de batalla.
-Señorita Everdeen, ¿se ha levanto usted con ganas de pelear?
-Nadie se mete con mis hijos.
Nos enzarzamos en una pelea que termina con todos los cojines y almohadas volando por la habitación y conmigo y Peeta rodando por el suelo hasta topar con la pared. Jadeando le estampo un cojín en la cara y me dejo vencer. Los niños siguen tirándose almohadas y persiguiéndose mientras Haymitch controla cada uno de sus movimientos. Noto que Peeta me aparta el pelo de la cara y dirijo mi vista hacia él.
-Buenos días-musita.
-No podrían se mejores.
Y no me equivoco. En el salón me espera un gran desayuno que considero también como almuerzo. Los niños pican de todo un poco mientras Peeta dice que no coman mucho que si no luego no se comen la comida. Haymitch lleva todo el rato observándome, sin hablar, pero sonriendo. Cuando nos quedamos solos dice:
-Enhorabuena, Katniss.
-Gracias-digo entusiasmada.
-Sabía que dirías que sí. ¿Sabes? Peeta tenía un miedo increíble de pedírtelo y de que lo rechazaras. Cuando me lo contó ayer estaba muy nervioso, casi seguro de que dirías que no. Me alegro de que se equivocara.
-Es Peeta, Haymitch, nunca me podría negar a una petición como esa. Además casi nos casamos en el Capitolio, estamos destinados a ello, ¿no?
-Como mentor vuestro me voy a encargar de que esa boda se celebre dentro de tres semanas. Necesitas solo una cosa, algo que te llevará a los sitios indicados, que todo esté a punto a la hora exacta. Necesitas a la persona que es perfecta para este trabajo.

Effie Trinket aparece por la puerta con el pelo teñido en cían, una sonrisa gigantesca plasmada en la cara y cientos de papeles en las manos. Saluda a Peeta y se presenta a los niños con un par de besos. Cuando me ve, ahoga una exclamación y me abraza con fuerza. Saluda a Haymitch con la mano mientras me suelta.
-Querida, tenemos que preparar muchas cosas. Tu traje, las invitaciones, la reserva del sitio donde lo vayas a hacer, la decoración, la música...No puedes quedarte de brazos cruzados.¡Vamos!- me coge por los hombros y me lleva al salón- tenemos tres semanas para hacer la boda perfecta.
Nos pasamos toda la tarde haciendo lista de cosas, buscando en revistas modelos de vestidos e imaginando como será todo. Effie no para de hacer cálculos de tiempo y de llenar su agenda con rápidas anotaciones de lo que haremos en los próximos días. Cuando siento que no puedo seguir planificando todo con tanta exactitud digo:
-Effie, dame un respiro-me echo hacia atrás en la silla y suspiro-. ¿Dónde te vas a quedar? 
-Haymitch me ha ofrecido casa y comida estas tres semanas, no es que sea lo mejor del mundo pero no me voy a quejar.
-¿Tú y Haymitch tres semanas compartiendo casa, ducha, mesa y sofá? No puedo creerlo.
-Tus hijos son preciosos-dice evitando mi anterior comentario.
-Gracias-respondo-¿sabes algo de mi madre?
-Nada nuevo. Se pasa todo el día en el hospital,y parece ser que el rumor sobre que estaba saliendo con alguien, es cierto. Supongo que ya lo conocerás el día de tu boda.
-¿Qué dirá mi madre cuándo vea que me caso? En cierto modo creo que se lo esperará, o quizá no.
-¿Sabe qué es abuela?
Niego con la cabeza. No hablo con ella desde hace 14 años, desde que ella dejó el Distrito 4 para mudarse al Capitolio. Perdí el contacto con ella y por razones que desconozco, nunca me llamó desde allí. Por meses estuve preocupada por si le había pasado algo, hasta que llegó Effie y me contó detalles de su nueva vida. Yo creo que es por que en la última conversación sólo hablé de Prim y esto puede que le hiciese darse cuanta de que había perdido de verdad a una de sus hijas. Que Prim jamás regresaría y que por mucho que intentase evitarlo, la culpabilidad iba a arrastrarla siempre consigo. Sacudo la cabeza deshaciéndome de estos pensamientos y me levanto buscando con la mirada la foto de mi madre y Prim. Me gustaría tanto que mi hermana estuviese aquí para presenciar la boda. Seguro que ella estaría incluso más nerviosa que yo. Pensaría en detalles que a la propia Effie ni se le ocurrirían y estaría contando los segundos para el momento, disfrutando de ser tía, viviendo cómo ella siempre quiso.

Los días van transcurriendo y Effie no para de llevarme de un sitio a otro. Me tiene exhausta y mareada con tanto viaje de tienda en tienda. Quiere que sea perfecto, que todo este planificado al dedillo, y aunque yo también quiero que sea especial, no me vendrían mal respirar un poco. Ya tenemos los anillos encargados, el papel para las invitaciones y, sin yo saber cómo es, el traje de Peeta. Effie dice que lo primero que hizo al enterarse de nuestro compromiso -vía Haymitch ya que el papel que vi que le daba Peeta al mentor era su teléfono y tenía la orden expresa de llamarla en cuánto volviese a casa- fue buscar el traje de mi futuro marido. Ahora, en este preciso instante me encuentro apunto de subir al tren que me llevará al Distrito 8, encargado de la fabricación de textiles, dónde compraremos mi vestido.
-Portaos bien-le digo a los niños y luego miro a Peeta- volveremos en un par de días.
Me besa en los labios y subo al tren después de Effie. Subir en un tren me recuerda a los Juegos y a la Gira de la Victoria tanto que me mareo nada más entrar en el compartimento donde se sirven la comida y las bebidas. Me sujeto a una mesa e intento respirar recordándome que no voy a matar a nadie, que no vuelvo a la Arena, y que nunca volveré.
-¿Una copa, Everdeen?
Miro al frente y me encuentro con un Haymitch sonriente sosteniendo una botella de licor en el aire.
-¿Qué haces aquí?
-Velar por tu seguridad. Encargarme de que llegues al 8 sana y salva y vuelvas igual. Sigo siendo tu mentor- me recuerda.
-Idea de Peeta- añade Effie- bueno, vamos a repasar todo esto- alza una libreta y pongo los ojos en blanco.
Mientras Effie habla y habla, recuerda lugares, tiempos exactos, y enumera todas las tiendas que vamos a visitar, yo me recuesto sobre un sillón de cuero blanco e intento no pensar en otra cosa que no sea mi boda. Dos semanas. Sólo dos semanas. No le tengo miedo, no siento nervios, de momento. Puede que alguien piense que voy a salir corriendo al llegar al altar, pero no lo haré.
El tiempo parece no pasar dentro del tren, pero la verdad es que ya es casi de noche. Dentro de unas horas, según Effie, esteremos en el Distrito 8. Mientras tanto yo decido que dormir será lo mejor, así que voy a mi compartimento y me hundo bajo las sábanas. No sentir el calor de Peeta y sus brazos protegiéndome me hace frágil. Hasta ahora no me he dado cuenta de lo mucho que dependo de él para poder conciliar el sueño. Al cabo de un rato, dando vueltas sin parar por la cama, termino durmiéndome. Esta noche no hay pesadillas, lo cuál es raro, pero sí que está Peeta, vestido de gala, llevándome del brazo hacia el bosque.
-¡Arriba, arriba, arriba!- Effie entra por la puerta sin molestarse en llamar y me grita en el oído- ya hemos llegado- anuncia con alegría- tienes que vestirte y desayunar, no tardaremos en bajarnos de aquí. Te espero en el comedor.
Intento darme prisa en todas las actividades que conllevan ir a desayunar. Me visto con lo que Effie me ha dejado al los pies de la cama, me hago una trenza y salgo por la puerta. Me encuentro con Haymitch por el pasillo y sin decirnos nada más que hola entramos en el comedor. Nos sentamos en la mesa y comenzamos a comer de todo lo que hay sobre los platos. La verdad es que no tengo mucho apetito, hace un par de semanas que el hambre ha descendido considerablemente. No se lo atribuyo a nada en particular, pero hay momentos en los que me preocupa. Cuando terminamos, Effie nos apremia a que nos demos prisa por salir del tren ya que llevamos unos minutos de retraso.
-Esta mujer siempre tan calculadora-masculla Haymitch llevándose la última copa a los labios.