domingo, 14 de julio de 2013

Capítulo 13

Sus rizos púrpura, con diamantes diminutos haciéndole verdaderos caminos e incluso figuras, me tienen anonadada. Seguramente mi rostro no exprese más que aburrimiento, puede que algo de cansancio y quizá un poco de enfado, pero en todo momento intento disimularlo con una sonrisa. Cuando otro capitolino interviene en la conversación, mi cabeza hace un giro mecánico hacia sus labios e intento concentrarme en lo que dice, casi sin resultados. Espero que Peeta, por el contrario, esté prestando atención y haciendo amigos.
Haymitch nos ha llevado por todo el Capitolio en busca de patrocinadores. Al principio he de reconocer que estaba algo animada, conversaba, intentaba caerles bien, pero a medida que iba conociendo a más y más, la ilusión y las ganas han ido menguando hasta casi desaparecer. Hago como que presto atención, pero mi mente está en otra parte.
-Katniss- la voz de mi mentor me sobresalta. El capitolino que estaba hablando cierra la boca, molesto por su interrupción-. Perdonad-, dice él mirando a los demás-, pero he de hablar con ella.
No me da lugar a protestar. Me coge del brazo y me lleva unos metros más lejos de donde nos encontrábamos. Cuando se detiene, me zafo de sus manos, con excesiva brusquedad y me quedo mirándolo desconcertada. Él mira hacia el grupo de capitolinos y Peeta, que parece que ya ha reconducido la conversación por buen camino.
-¿Qué haces?- le interrogo.
-¿Qué hago? ¿Eso es lo que me preguntas? Salvarte el culo, como siempre- hace una pausa para ponerme sus manos en los hombros obligándome a que lo mire a los ojos-. Katniss, esos de ahí te están evaluando. Llevas media hora perdida en sus cabellos y en algo que sólo tú sabes qué es. Peeta intenta que no se note, habla con ellos y les muestra todo tipo de entusiasmo. ¿Qué te ocurre? Sabes que en cuanto a patrocinadores tienes que estar al cien por cien.
Por supuesto que lo sé. Pero todo el mundo sabe que no se me da bien hacer amigos. No me gusta tener que estar intentando caerle bien a alguien, utilizar la falsedad con ellos sólo para que me patrocinen. Aunque no es a mí a quien tienen que patrocinar. Es a ellos, a mis hijos, y no estoy haciendo lo correcto y lo suficiente. Haymitch tiene razón.
-Lo sé. Pero sabes lo bien que me llevo con el resto de la humanidad.
-Tienes que hacer un esfuerzo. ¿Crees que a mí me gustaba? ¿Piensas que no tuve que hacer un enorme sacrificio para que tuvieras todo lo que te mandé en tus Juegos?- agacho la cabeza, avergonzada por mi actitud-. Sal ahí y demuestra que peleas por tus hijos.
-No lo entiendo, Haymitch. Por mucho que ahora ganemos patrocinadores, ¿de qué servirán?
Una vez estemos dentro de la Arena, salvando a Sarah y Jaden, ¿quién nos va a mandar nada? No querrán patrocinarnos, y no podrán de todas formas ya que la Sala de Vigilantes estará ocupada en otro asunto, y es no permitir que nos manden mutos y otro tipo de peligros. Pierdo el tiempo estando aquí plantada.
-Si algo sale mal en el plan, vas a necesitar un par de milagros y muchos patrocinadores para que uno de tus hijos salga con vida- una vez más, Haymitch me demuestra que me lee el pensamiento-. Así que venga, quiero otra actitud.
Está bien. Puede que después de todo los necesite, además, hay mucha gente en esta calle, viéndonos. Seguro que hacer como estamos intentado ganar patrocinadores nos da una imagen que queda lejos de los amantes trágicos del Distrito 12 tramando un plan para entrar en el estadio y salir de allí con sus hijos corriendo. Inspiro aire, y con él, algo de paciencia, para soportar la siguientes horas.

-No ha estado mal, ¿verdad? Creo que hasta podría dárseme bien. Todo el mundo quería oír lo que tenía que decir. ¿Cómo crees que lo he hecho?
Peeta me agarra la mano y juntos atravesamos un mar de fotos llegadas desde las cámaras de muchos capitolinos. Se ve que eso de tener a los ganadores de los antepenúltimos Juegos los vuelve eufóricos. Por supuesto que mi marido ha estado sobresaliente hoy. A él las palabras le resultan fáciles, no le cuesta en absoluto mantener una compostura y una conversación, y eso, lógicamente, le suman muchos puntos. Yo, por el contrario, he aprendido que lo mejor es callarme y dejarle el mando a él.
-Si no llegas a venir, tendríamos cero patrocinadores- le respondo con un deje de molestia porque yo no sirvo para esto.
-¿Crees que tenemos alguno?- me pregunta.
-Sí, después de todo lo que les has dicho, sí.
Peeta ha conseguido volverse el centro de atención. Ha contado anécdotas sobre los Septuagésimo Cuartos Juegos del Hambre, y luego otras de cuando Sarah y Jaden eran pequeños. Ha sabido desenvolverse con total tranquilidad antes las preguntas que le han formulado y ha sabido ganarse la confianza de todos con quienes hemos hablado. Ha conseguido transmitir el dolor que siente, y la pena que ambos acarreamos al haber venido aquí con la intención de salvar, cada uno, a uno de nuestros hijos. Era extraño cuando no se oían suspiros y exclamaciones. Estoy segura de que por más que lo intenten, no podrán superar a Peeta en cuanto a esto, y todos esos patrocinadores serán nuestros. Además, somos dos vencedores. Ganamos una vez, somos reconocidos, y encima a mí aún me tienen por el Sinsajo.
Entramos en el Centro de Entrenamiento. Como nunca antes lo había intentado, no sabía el escuadrón de agentes de la paz que hay en la puerta de entrada, esperando a que algún tributo quiera escapar. También he notado muchos en las calles y le he preguntado a Haymitch al respecto. Me ha dicho que siempre ha habido, para frenar cualquier incidente, pero que este año, sin duda, han doblado las guardias y el número de agentes. Es lógico que August quiera asegurarse su bienestar.
Pasamos un control antes de que nos dejen subir. Lo veo un poco tontería. Saben quiénes somos, y sabemos que nos tienen controlados. No vamos a intentar nada, hasta que nuestros hijos estén en la Arena, claro. Entonces todos podrán sorprenderse. Ahora tengo órdenes directas de Paylor de actuar con total normalidad. Me pregunto si con eso quiere decir que me muestre un poco mentalmente desorientada o simplemente haga lo que estoy haciendo.
-Veo que no perdéis el tiempo-. Gale está apoyado en la pared, al lado de los ascensores-. ¿Te importa si me la llevo para hablar un rato?- veo que sus ojos están posados en Peeta y éste asiente.
-Siempre y cuando me la devuelvas igual que te la dejé-. Le guiña un ojo, me suelta la mano y me da un beso en la frente-. Luego te veo, preciosa.
Gale me braza en cuanto el ascensor se cierra para elevar a Peeta y Haymitch hasta nuestra planta. Yo enseguida me siento como en casa, envuelta en ese calor que sólo mi ex mejor amigo sabe darme. Me podría quedar así el día entero, recordando días de caza y buenos momentos, pero me intriga qué es lo que quiere contarme.
-¿Estás bien?- le pregunto al separarme.
-Sí- contesta, intentado sonreír-. Dentro de lo que cabe, estoy bien. ¿Qué hay de ti?
-Puedo presumir de llevarlo bien- le sonrío-. ¿De qué quieres hablar?
-Aquí no.
Levanta las cejas y mira por encima de mi cabeza, hacia los agentes. Entiendo con eso que se trata de algo que sólo nosotros podemos saber, o de algo que Paylor le ha contado, ya que supongo que Gale está enterado de todo nuestro plan.
-Siempre he querido enseñarte algo. Ven-. Me engancho a su brazo y lo dirijo hacia el ascensor. Pulso el botón y en cuanto el ascensor se abre, los dos saltamos dentro.
-¿Tu planta?-pregunta decepcionado cuando pulso el número doce.
-No exactamente. Peeta y yo hemos pasado ahí algunas horas. Es un sitio donde el viento hace mucho ruido- le digo, como Peeta me dijo a mí un día.
Gale comprende mi mensaje, al igual que yo lo comprendí en su momento. Un sitio donde nadie pueda oírnos, donde sea seguro hablar y donde podamos estar solos. En parte no me hace gracia compartir el tejado con él, porque es algo que me evoca a Peeta por completo, pero necesito tener una charla sin ningún tipo de distracción y donde sepa que todo lo que diga, se quedará allí.
Al llegar a mi planta, escucho las voces de mis hijos, la de Peeta, la de Haymitch, la de Cinna y la de Effie en el salón. Atravesamos el pasillo sin hacer ruido hasta llegar a la escaleras que dan a la pequeña sala abovedada para luego abrir la puerta y llegar al tejado, el cual sigue intacto.
-Si no fuera porque dentro de unos días van a luchar por su vida, podría decirse que están montando una fiesta ahí abajo- dice apoyándose en el borde del muro para mirar hacia abajo.
-Saben divertirse pese a las dificultades- contesto-. Nunca intentes tirarte por aquí-, le advierto y me quito una de las pulseras que tengo en la muñeca- porque te pasaría esto.
La lanzo hacia el aparente vacío, y enseguida el campo me la devuelve. Gale se queda pensativo y luego se gira para mirarme.
-¿Eso es lo que pretendías romper en la segunda Arena?
-Lo que rompí- le corrijo y asiento- Beetee nos explicó cómo funciona y para qué lo usan.
-Aquí impiden que los niños se suiciden- dice, tajante.
-Exactamente. Supongo que alguno lo intentaría- me encojo de hombros-. Ahora podemos hablar.
Mira a su alrededor, escrutando cada detalle en busca de cámaras o micrófonos, pero no los hay. Parece, no obstante, que no se queda tranquilo, así que cierra la puerta por donde hemos venido y luego camina por el tejado, buscando.
-¿Estás completamente segura de que es seguro?- pregunta indicándome con la mano que vaya con él.
-Afirmativo- le digo.
Me acerco hasta a él y por un momento siento la imperiosa necesidad de abrazarlo. Le he echado mucho de menos todos estos años y tenerlo aquí delante, después de todo, me revoluciona los sentimientos. Ya no sé si odiarle o no, si considerarlo como mi mejor amigo, o como la persona que mató a mi hermana, indirectamente. Pero entonces recuerdo la conversación con mi madre esta mañana. No puedo estar eternamente enfadada con él, ni culparlo para siempre. Puede ocurrir de todo en los próximos días, y si muero él tendrá en la cabeza la imagen que le he estado dando. Es mi turno para cambiar las cosas, para perdonarlo de verdad.
-Paylor me lo ha contado todo. Estoy dispuesto a colaborar en la tarea que me han asignado, pero no me gusta la idea de que vayáis solos allí. He intentado convencerla de que me deje ir con vosotros. Seremos más para protegernos, pero me ha dicho que eres tú la que tiene que darme el permiso.
-¿Yo?- enarco una ceja. ¿Desde cuando tengo tanto poder de elección?
-Sí, Katniss, así que te lo pido por favor. Déjame ir en ese aerodeslizador contigo.
Comprendo por qué Paylor le ha dicho que soy yo la que tiene que concedérselo. Sabe que no le voy a dejar. Si estoy en desacuerdo con que Peeta me acompañe, ¿cómo voy a dejar que Gale lo haga? Además, él tiene su misión aquí. Lo necesitan. Yo lo necesito aquí. Le miro a los ojos para darle las razones por las que no puedo dejar que venga conmigo cuando veo la esperanza de sus ojos grises, siempre tan cálidos y cercanos. Pero mi resolución es inamovible.
-No puedo dejarte ir- le digo-. Si te pasa algo será mi responsabilidad y tú tienes trabajo que hacer aquí.
Gale se queda pensativo y niega con la cabeza, mirando al suelo. Por un momento medita en qué decirme y me coge la mano para entrelazar nuestros dedos. Intento soltarme, pero él me retiene con su fuerza. Entiendo que quiera venir conmigo y asegurarse de que estaré bien, pero es mejor que haga su trabajo aquí, en la Sala de Vigilantes, como está programado.
-Supuse que es lo que me dirías. Siempre has sido tan cabezona- sonríe y tira de mi para abrazarme.
Una parte de mí se niega a estrecharse entre sus brazos, pero otra echa tanto de menos su olor, sus manos sobre mi cuerpo, su tacto tan aprendido como lo tenía, que al final me dejo llevar. No sé a qué viene, si así intenta tentarme para que finalmente lo deje o porque realmente quiere abrazarme, para sentirse más cercano a lo que Snow nos arrebató tiempo atrás.
-No he dejado de pensar una cosa, Katniss- me susurra al oído y yo me estremezco-. De habernos ido cuando lo propuse, tu hermana nunca hubiese salido elegida, o puede que sí, pero ninguna de las dos hubiese estado ahí para presenciarlo. No hubiera muerto, tú no habrías ido a los Juegos, y ahora...
Ahora no estaría casada con Peeta, luchando por mantener a nuestros hijos con vida. Eso es lo que quiere decir, aunque haya cerrado la boca. Y es cierto que yo lo he pensado alguna que otra vez, pero sólo hay una cosa que cambiaría desde que Effie dijo el nombre de Prim, y es su propia muerte. Si mi hermana estuviera aquí todo sería perfecto. Me daría igual enfrentarme a todo un mundo entero si ella estuviese viva. Lo daría todo por volverla a abrazar, a sentirla, por decirle lo mucho que la quiero, lo mucho que la he querido siempre.
-Es posible. Pero todos estos años habrían muerto muchos niños que no lo merecían, Gale. Mi hermana no tendría que haber estado allí ese día, y no dejaré de pensar en miles de formas de haberlo evitado, pero ocurrió.
-Y lo siento, Katniss. Yo tampoco dejo de darle vueltas.
Lo aprieto más contra mí. Se nota que la idea de que una de sus bombas fuera la causante de la desgracia lo tiene atormentado. Se siente culpable y yo no ayudo a mejorarlo. Puede que haya estado todos estos años así, pensando en lo mucho que yo he debido odiarlo, en lo que podría o no podría haber hecho. Sin duda he de hacerle ver que lo he perdonado y que simplemente no tiene la culpa, que por mucho que ambos lo deseemos, Prim no volverá.
-Deja de martirizarte, Gale. Ya tenemos bastante conmigo- me permito darle un beso en la mejilla y luego le revuelvo el pelo-. No tienes la culpa de nada, ¿vale?
-Es difícil creerlo cuando en verdad puedes tenerla.
Agacha la cabeza y yo le obligo a que me mire a los ojos cogiéndole del mentón. Él aparta mi mano y se aleja de mí. Creo que va a comenzar a llorar y es algo que no puedo permitir. Voy detrás de él, alargando los pasos para ponerme a su lado más deprisa, y cuando lo tengo enfrente, le cojo el brazo y tiro de él.
-Escúchame, te estoy diciendo que no tienes de qué preocuparte. Gale, no quiero que te pases toda la vida creyendo que tienes la culpa de algo que nadie puede probar. Vamos a dejar el pasado en su sitio, ¿vale? Quiero que luches por lo que tienes ahora, y es un hijo que te quiere y que te necesita- paro para tomar aire y cuando quiero volver a retomar la retahíla de cosas que tengo que decirle él me pone un dedo en los labios.
-Está bien. Pero, no me dejarás ir, ¿verdad?
-No. Lo siento, Gale. Te prometo sacar a tu hijo, al igual que a Finn, pero necesito que te quedes aquí.
-Vale- consiente resignado, tras un largo resoplido.
No sé como siempre consigo lo que quiero, siempre tengo a todos en mi contra, pero todos acaban respetando mis decisiones, excepto Haymitch, aunque él es un caso aparte. Gale y yo seguimos durante un rato hablando sobre el plan. Él parece tener claro algunos fallos que hablará con Beetee y yo le expongo los miedos que tengo, lo que creo que puede salir mal y lo que he pensado que pueda suceder y otros no lo hayan tenido en cuenta. Como buen equipo que éramos antaño, decidimos tener una conversación con Paylor en cuanto nos sea posible para determinar lo que hemos estado pensado hoy, así seguro que conseguimos algo. Después de esto bajamos a la planta 12. Cuando estamos por las escaleras oímos voces, gritos y bastante jaleo. Ambos corremos creyendo que está pasando algo hasta que nos topamos con la escena.
Mi marido, mis hijos, Haymitch y Effie, Cinna, Annie y Finn, Oliver, Johanna y Enobaria están en el salón. Han movido todos los sofás, las butacas, las sillas que han encontrado por toda la planta hasta forma un círculo ovalado en torno a dos mesas donde hay fuentes de comida, y jarras y vasos de bebida. Como telón final está la gran televisión donde se están emitiendo repeticiones de Cosechas de los primeros años, aunque de forma rápida, como si quisieran hacer una progresión de todas ellas y ver cuánto han cambiado a día de hoy.
-¡Por fin!- exclama Effie al vernos aparecer-. Estábamos bromeando con llamar a los agentes de la paz para que fueran en vuestra busca. ¿Dónde os habías metido?
Estoy aún algo estupefacta. Todos están sonrientes y muestran una actitud despreocupada, muy al contrario que Gale y yo. Me tomo un tiempo para reaccionar observando con más detalle la estancia. Parece una fiesta, aunque no sé qué tienen que festejar. Me cruzo de brazos mientras espero una explicación.
-Siéntate aquí, mamá. Hemos pedido estofado de cordero, tu favorito- me dice Sarah mientras retira un poco la silla de la mesa, para que me siente.
-Y estamos apostando cuánto beberá Haymitch esta noche- dice Peeta, reclinándose en el sofá.
Haymitch le tira un racimo de uvas de tono azulado a la cabeza mientras le da un sorbo a su bebida, aunque no puedo decir si es o no alcohol. Gale, por su parte, se sienta al lado de su hijo y comienza a comer. Yo también tengo hambre, pero no tengo las fuerzas como para celebrar nada. ¿A qué se debe que todos estén tan contentos con todo lo que se nos viene encima?
-No lo entiendo- digo, arrastrándome hacia mi silla-. ¿Qué pasa?
-¿Es que tiene que ocurrir algo para que cenemos juntos?- me pregunta Johanna mientras intenta partir un coco.
Pestañeo varias veces. Ellos siguen con su cháchara y retoman las conversaciones que estaban teniendo hasta que Gale y yo irrumpimos en la habitación. Hasta mi ex mejor amigo se mete de lleno en una de ellas. Yo me limito a servirme un buen plato de estofado y comer lentamente, saboreándolo bien. Haymitch me sirve un poco de su bebida y me quedo mirándolo fijamente.
-No es alcohol. Aún no he tomado nada. Bebe- me ordena-. Es té, te ayudará a soporta esto- se queja.
A veces me cuestiono si Haymitch y yo compartimos algún parentesco. Nos entendemos a la perfección, y aunque es cierto que nos llevamos como el perro y el gato, siempre pensamos lo mismo y acabamos ayudándonos. Le hago caso y tomo un sorbo del té. Sabe muy amargo, con un toque a limón y a canela. Le quito la botella donde está el resto del contenido y me sirvo más. Luego me echo puré de piña y pasas en el plato y sigo comiendo.
-Seguro que te preguntarás a qué viene todo esto- me dice él, cómplice. Asiento varias veces-. Effie dice que se ha pasado todos los Juegos de su vida intentado crear este ambiente sólo con los dos tributos que le tocaban, los mentores y los estilistas. Afirma que lo que todos necesitamos para ver los Juegos de otro modo es esto. Siempre nos hemos comportado como si estuviéramos en un funeral, cuando ni siquiera el muerto está en el ataúd.
-Así que mientras todos estemos vivos hay que celebrarlo- concluyo.
-Exacto, ¿me devuelves mi botella?
Entre risas le doy lo que queda de té a Haymitch y ahora que comprendo el por qué, me sumo a la fiesta, por así decirlo. Contamos algunos trucos para sobrevivir en la Arena, lo esencial de la supervivencia y hasta nos permitimos el lujo de gastar bromas con respecto a ello. Me piden que cante alguna vieja canción, y finalmente accedo. Effie nos relata algunas historias de miedo típicas aquí, aunque más que asustarnos, nos provocan un ataque de risa colectivo. Haymitch se deja vencer por la bebida, aunque entre todos los frenamos para que no se exceda. Los chicos se llevan genial, se cuentan sus cosas, y todos admiran a sus padres, el cómo han luchado para que ellos estén aquí. No lo quiero admitir, pero me lo estoy pasando realmente bien.
-¿Y qué hay de ti, Katniss? ¿Vas a tener más hijos?- me pregunta Annie.
-No lo creo. Ahora mismo estamos los suficientes en casa. De vez en cuando los hijos de Buttercup se dejan ver, así que con eso me conformo.
-¿Buttercup tuvo hijos?- me pregunta divertido Gale.
-Nada menos que siete- informa Peeta intentado recordar sus nombres-. Y todos odian a Katniss como su padre.
Medio salón, pendiente de la conversación, estalla en carcajadas. Yo me uno a ellos, porque por más que intente enfadarme, hoy no lo consigo. Es un ambiente tan familiar, tan íntimo y personal, que no parece que dentro de unos días vaya a haber una batalla en la que se juegan vidas. Espero no equivocarme, pero al menos Oliver y Finn serán un peligro menos para ellos.

-Gracias por todo, Annie, descansa y no te preocupes, todo saldrá bien- le digo despidiéndome de ella.
-Confío en ti, Katniss. Siempre serás mi Sinsajo.
Me dirijo hacia el salón con la intención de recoger el desastre originado a raíz de la cena, pero me encuentro con los avox haciéndolo. Cuando tenía dieciséis años hablar con uno de ellos estaba prohibido y se castigaba, por eso, si lo hacía era con excesivo cuidado y con temor, pero ahora es distinto. Me da igual quien me vea hablando con ellos, y que vengan a impedírmelo. Pocas cosas me dan miedo a estar alturas, y muy pocos pueden conseguirlo.
-¿Necesitáis ayuda? No es justo que nosotros nos divirtamos, ¿verdad?- comienzo a recoger algunos platos cuando uno de ellos me detiene, arrebatándome las cosas y negando con la cabeza-. Me da igual que August os obligue, yo quiero ayudaros.
-Pero sería mejor que descansara, señora Everdeen- me suelta y yo abro la boca. ¿Cómo es que puede hablar?-. No soy un avox normal. El presidente compró mi lengua y la vida del resto.
-¿Cómo?- le pregunto atónita-. ¿A cambio de qué?
Todos se miran entre sí. Los ojos azules del avox me miran de arriba abajo. Es como si tratara de asegurarse de algo, al igual que los demás. Los miro uno a uno. Todos están asustados, pero recuerdo a los otros avox con una actitud diferente, una más sometida, sin personalidad, éstos tienen algo dentro de sus corazones y es la esperanza.
-Eres el Sinsajo, todo lo sabemos, y todos sabemos qué vas a hacer.
Abro los ojos como platos. Siempre están tan callados que a veces ni te percatas de su presencia. Han oído parte del plan, o puede que todo y creo que ya entiendo porque éste tiene lengua.
-August te tiene aquí como espía- afirmo.
-Así es, pero no quiero ayudarle. Ninguno queremos. Estamos de tu parte y vamos a ayudarte.
¿Ayudarme? ¿Cómo lo van a hacer? No tienen ni voz ni voto para el presidente. Me dejo caer en el sofá. ¿Y si me están mintiendo para que confíe en ellos? Sería muy fácil hacerme creer que son mis aliados para que la información les llegue más rápido y en más cantidad. Al fin y al cabo, no tienen seguro que yo vaya a hacerme con la victoria y ahora mismo quien la tiene es August, el que les ha comprado. ¿Qué debo hacer?
-Le daremos información falsa a August. Le diré lo que quieres que le diga.
Un momento. Eso sí que sería una gran ayuda. De hecho, podría resolver muchas cosas. Podríamos hacerle creer que vamos a hacer tal, o que no vamos a hacer nada para confundirlo, llevarlo por el camino equivocado y mover la primera ficha. Pero tienen que demostrarme que puedo confiar en ellos y que no me fallarán.
-¿Cuál es tu nombre?- le pregunto.
-Jace- dice-. Sé que es un poco difícil creerme, pero es cierto. Nos has ayudado, a Panem. Creemos en ti, no en August. Él nos mantiene esclavizados, pero tú nos puedes liberar.
-¿Por eso preferís luchar conmigo?- todos asienten-. Bueno, necesito que me deis pruebas de ello, y , además he de hablarlo con los demás.
-Claro- dice Jace-. No le diré nada aún al presidente, hasta que tú me lo digas.
-Vale, pero, en realidad, soy señora Mellark ahora- le guiño un ojo.
Después de terminar de ayudar a los avox, aunque apenas me han dejado, he ido a la habitación de Sarah para hablar con ella. Me ha estado contando que no sabían que hacer con Atala. Por mucho que les ha explicado conceptos básicos de supervivencia y los ha aconsejado a todos, ninguno estaba por la labor de aprender a usar un arma. Es un alivio que mi hija me diga eso, pues sé que nadie sabrá usar un arma, aunque puede ser que sus mentores le hayan aconsejado mostrarse así, como Peeta y yo en los primeros.
Jaden me dice que ha visto un montón de armas que quiere usar. Me ha expresado su deseo por proteger a su hermana y que con un poco de práctica podrá usar uno de los arcos. Está encantado con la idea de exhibir su puntería delante de los Vigilantes llegado el momento. Yo le he dejado que hable y fantasee, al menos tiene determinación.

-Ha sido un día muy largo- me dejo caer la cama, al lado de Peeta. Éste cierra un libro que estaba leyendo.
-Ser mentor te deja exhausto, ¿no?- se burla recordando algún momento viejo con Haymitch.
-Sin duda. Podríamos emborracharnos, seguro que así todo pasa más deprisa.
-O más lento, habrá que preguntarle al experto.
Nos reímos, y luego seguimos bromeando. Hablamos de las modas estrafalarias de los capitolinos, que por mucho tiempo que hayan pasado años en los que la igualdad era la misma para todos, ellos siguen a su bola. Nos quejamos de que Effie ya no hace su trabajo como antes, echamos de menos que ande detrás de nosotros todo el rato, aunque lo achacamos a nuestra edad, y puede que a la suya. Comentamos detenidamente los trajes de Cinna para nuestros hijos, y luego meditamos en qué hacer, si enseñarlos por nuestra cuenta, o dejar que ellos mismos aprendan. Finalmente, le confieso mi hallazgo de un avox con lengua y queda tanto o más sorprendido que yo.
-Mañana a primera hora hablaremos con Paylor.
-Es lo mejor. ¿Qué crees que tú mentor nos tendrá preparado para mañana?
-Pregúntaselo a tu acompañante. Seguro que Effie es quien lo tiene controlado.
Volvemos a reírnos, esta vez hasta que nos duele la barriga y entonces él comienza a acariciarme el brazo, mientras los dos contemplamos el techo.
-Me gustaría ir al tejado antes de ir a la Arena, como de costumbre- me dice y me besa en el cuello.
Me estremezco con el tacto de sus labios y me giro hasta ponerme enfrente suya. Dejo reposar mis labios sobre los suyos y me separo lo suficiente para decir:
-Mañana, Peeta. Te quiero.
-Te quiero- me responde y me abraza hasta que me quedo dormida.

2 comentarios:

  1. Está genial!!!
    Estoy deseando leer el siguienta cap.

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  2. bueno, me he dado cuenta de que no vas a seguir actualizando este blog... jo, esta genial, y nos has dejado a muchos con las ganas de seguir leyendo, espero que al menos te metas en el blog y leas este comentario... no creo pero ojala q asi sea

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